Mirada fija en el suelo, el temor de no ver más allá de tus
manos te hace dudar de tus pasos, inseguro del rumbo que tomas, tu marcha se
vuelve lenta y titubeante, buscas la seguridad comparando historias que te
rodean y te impones metas que no rebasen esos ideales creyendo que aquel que
caiga tendrá un golpe menos doloroso y no te das cuenta de que el verdadero
dolor surge en la cúspide de tu fracaso, segado por un horizonte de resignación
pero con simulada tranquilidad te ciernes en pasos que no te llevan más allá de
lo que tu mirada puede alcanzar, excusas salen de tu mente profanando tus
esbozos de superación, mismas que camufladas en razones de poco peso se abren
paso entre las pocas esperanzas que surgen a la entrada de una idea novedosa,
te escudas en el fracaso ajeno diciéndote a ti mismo que lo mismo podría
haberte pasado y creas un muro de ideas tontas que solo fortifican aquel temor
a superarte, y por qué no…
Cierras los ojos y caminas sin pensar tanto en un rumbo que
las mejores cosas salen de manera espontánea sin plantearse un momento
específico, porque no… tratas de superar las historias que te rodean sin
reparar en esfuerzos que bajo aquella constancia aflora la superación personal
y la esperanza de tu futuro, crea metas que rosen los extremos y te darás
cuenta que frutos generan, los errores no son una caída son un paso más en una
lucha feroz de tu perseverancia y la resignación, si aprendiste de ellos gano
la perseverancia, no te auto impongas excusas que te liberen de tu prisión
llevándote a otra, genera soluciones y proposiciones que quiten ladrillo por
ladrillo cualquier prisión que te encierre en un futuro taciturno, se tu yo que
siempre quisiste y te darás cuenta que estás viviendo tu verdadero yo.

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